miércoles, 15 de abril de 2009

Cine

¡Qué grande es el cine!, ahora me doy cuenta. Me entiendo y reconozco que es una de mis grandes pasiones. Últimamente estoy adentrándome más en él, y cuanto más lo hago más me fascina su poder, su mágia. Me gusta rodearme de grandes directores y pasar una tarde recorriendo los diferentes estilos que conforman el séptimo arte. King Vidor, Fellini, John Ford, Buñuel, Eisenstein, Hitchcock, Woody Allen. Todos ellos y muchos más forman ya parte de mi vida, me abren una nueva dimensión en el pensamiento; soy crítico, en gran parte, gracias a sus películas. Pero desgraciadamente, no todo el mundo puede o está en condiciones de admirar las maravillas que el cine esconde. Es una verdadera pena que muchas personas no sepan calibrar las aportaciones que el buen cine puede otorgar a sus vidas. Ven en él una circunstancial fuente de entretenimiento (y no niego que esto sea así), y no más allá de esto. Sin embargo, el cine ofrece al espectador momentos únicos de lucidez, poesía para los sentidos e inspiración para el que mantiene los ojos abiertos en esta vida.

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