Un día aciago, nublado y con poco sentido. Me he despertado tarde, aprovechando como de costumbre mi día libre. Salgo de la cama aturdido y con pocas ganas de dar comienzo al día. Todo permanece en ordenado desorden a mi alrededor. En la estantería de mi cuarto la colección de libros contemporáneos que adquirí por catálogo sigue colocada provisionalmente, a espensas de ser ordenada correctamente por autor. El ordenador sigue encendido desde la noche anterior, aún no se ha descargado la película que comencé a bajarme de la red. En momentos como este, pienso, lo ideal es poner música mientras tomo unas tostadas con zumo de naranja. La trompeta de Chet Baker suena de fondo interpretando My Funny Valentine. Habré escuchado esta pieza cientos de veces, se trata de un directo junto a Gerry Mulligan en el Carnegie Hall. Cada vez reconozco sonidos y sensaciones nuevas en ella.
Sale espontáneamente el sol, y es hora de cambiar de estilo musical. Tostada en mano, me dirijo al ordenador pensando que es el turno del soul. Viendo la densa colección de artistas, me decido por Carl Tjader. El día ya ha tomado otros derroteros. Ahora es vivo, ameno, simpático.
Bienvenido una vez más a la sociedad, participa de ella.
martes, 3 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario