Mentir es un arte. Es un arduo trabajo que requiere de un laborioso desarrollo, de una planificación, de un esfuerzo intelectual. Para mentir hay que ser experto, de lo contrario siempre acabarás expuesto a la vergüenza, sin argumentos para defenderte. Su utilidad puede ser circumstancial o continuada. En el primer caso la mentira debe pasar al olvido lo antes posible, así como las pruebas que la desmienten. De este modo, el propio creador de la mentira acabará creyéndosela y la tendrá como verdad, entonces ya no habrá retorno. El segundo caso es casi utópico, puesto que una mentira continuada suele tener tarde o temprano un final; por cierto, desagradable para el mentiroso.
Hacer de la mentira un modo de vida es muy complicado. Muchos son los que lo intentan, muchos los que fracasan, unos pocos triunfan. El ser humano no está preparado para soportar la carga de una mentira continuada, cuando no es su debilidad la que rompe el pacto secreto es su falta de concentración en determinados momentos, o bien, su poca capacidad de hacerle frente. En la mayoría de las ocasiones la mentira crece, pero la persona no crece con ella. Por eso, la buena mentira es aquella que zanja un asunto para todos, incluso para quien la extendió.
lunes, 16 de marzo de 2009
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